La Vil Lumier (Paris, Nov 2017)
Oui, Oui, Oui! Le proshen arret est ici! Hemos vuelto a nuestras
andanzas, que ha costado arrrancar esta temporada no porque no
estuviéramos echándole millas a la vida por otros lados, pero un viaje
ensemble desde el verano como que lo teníamos pendiente. Y así fue que
decidimos escaparnos a París para rematar el mes de noviembre.
Carlos
viajó primero a principios de la semana para ir haciendo estudio de
terreno y ver cómo estaba la cosa que Don no se embarca así porque sí en
un viaje de estos si primero no le confirman que la comida está buena,
el clima es más o menos razonable, y los precios también.
Y así
fue que promediando el jueves aterrizó Don en la Ciudad Luz justo cuando
caía un chaparrón de esos que solo te hacen pensar en entrar al cine a
ver noimportaqué pero que te mantenga a cubierto del frío. Igual todos
estos cambios de temperatura en París pasan pronto, que ya llegado y
acomodado en el hotel de turno, se dirigió a encontrarse con Carlos en una pastisserie
del barrio Latino.
En el camino pasó por delante de lo que él recordaba
que era un centro comercial (mall), pero luego hubo de aclararle que el
lugar se llama George Pompidou, y centro es, pero de otra cosa. Carlos
lo esperaba en la pastisserie lamentándose que en esta vida todavía no
le toca vivir en el Boulevard Saint Germain, comer croissants todas las
mañanas y escuchar canciones de Edith Piaff en sus horas de nostalgia.
Ya
veremos si todo esto lo podemos conseguir en 1 o 2 vidas más adelante,
que de momento lo que hay es lo que hay, y al menos tiene su gracia
venir cada tanto a esta ciudad fabulosa a la que no hace falta recordar
mucho donde queda cada cosa porque te lo aprendes rápido, o es un gusto
perderse por sus calles y encontrarse con historia, cultura, paisajes,
turistas, glamour, Channel, y todo lo que hay por aquí.
Nunca
habíamos estado en Paris en noviembre y nos habían advertido que iba a
hacer frío y probablemente no tan buen tiempo. Por suerte no hizo
tanto-tanto-tanto frío, y el sol estuvo presente más de lo esperado como
podéis ver en las fotos, que el viernes luego de ir Carlos a pasear un
rato por la mañana por esas zonas intelectuales que le ponen a él, se apuntó Don para la comida y obviamente que lo mejor de lo mejor aquí es tener locales que
te lleven a lugares buenos.
Que caímos a comer el plat de
jour en el restaurante donde come la mismísima Jane Birkin, que no estaba la diva
allí pero diva hubo, que nuestra host local nos llevó luego a pasear por
la zona gastronómica y académica de Paris que se encuentra por allí, y
acabamos en el Observatorio de Paris donde pudimos ver el famoso
meridiano de Paris que perdió la final con el de Grenwich que sino ahora
sería el mas famoso del mundo mundial, y la mitad de la villa tendría una hora y la otra mitad, pues otra.
Subimos al techo del observatorio y
tuvimos unas vistas fa-bu-lo-sas de la Ciudad Luz, en cada dirección
había algo interesante para ver, e incluso tuvimos un guía que nos iba
explicando donde estaba cada cosa. Una tarde verdaderamente fabulosa en
este lugar secreto del nosecual arrondisement, ahi al lado de las
catacumbas.
De allí nos despedimos de nuestras amistades y
enfilamos hacia el Jardín de Luxemburgo, que siempre es un placer
visitarlo incluso en invierno. El sol le daba tímidamente porque ya
estaba bastante caída la tarde, pero igual dio para unas fotos y charlas
profundas sobre la vida y más allá.
Salimos de allí y enfilamos para el
Panteón Nacional adonde pudimos ver además de las tumbas de los grandes
de Francia (no sabemos si era radioactivamente seguro palmear la lápida de
Marie Curie pero igual lo hicimos), el péndulo de Foucault oscilando en
el centro del lugar. Acabada la visita recuperamos un poco de energía
con unos crepes en un bar local, nos pusimos nuevamente los abrigos y
volvimos a cruzar el Sena para volver a nuestro hotel, que nos esperaba
una primer cena en restaurante recomendado.
Que obviamente cuando
estás aquí en Francia hay que comer bien, esa premisa ni se discute. El
tema es encontrar lugares buenos y de precios razonables. Lo "razonable" hay que tomarlo con pinzas porque todo es
bastante caro -al menos comparado con lo que pagamos l@s que vivimos en Montjuic West- pero siempre se encuentran cosas razonables dentro de la gran oferta
gastronómica de esta ciudad.
La primer cena nos tocó una degustación de
un menu de autor que no estuvo mal pero nos dio ganas de mas, así que hubo que esperar al día siguiente para desquitarse. De allí
fuimos a rematar la noche del viernes con un poco de vida nocturna, pero
sin sobrepasarse que al día siguiente había que levantarse temprano.
Que
el plan del sábado fue de aller a visiter el Castillo de Fontainebleau,
que según Don es la versión original y menos cutre de Versalles. Claro,
como él ya visitó Versalles, ahora Carlos está obligado a ver el episodio 2 saltándose el primero. Ya le pasó lo mismo con Blade Runner así que no se queja. Para ir a Fontainebleau hubo que tomar el tren transilien y una hora más tarde y 5 grados menos de
temperatura estábamos allí, justo cuando comenzaba a llover.
El
castillo vale la pena, sobre todo si te va el rollo Napoleón que se ve
que este señor (o esos señores porque fueron 3) usaba/n mucho este lugar. Las
habitaciones son inmensas y el lugar tiene realmente l'air de un palacio
de esos que aparecen en las películas del género.
Acabada la
visita y las fotos de turno, tuvimos que escondernos de la lluvia y el
frío en un restaurante para darle a la comida, que siempre una soupe a
l'oignon y una tabla de quesos te devuelve la energía. Y si a eso le
agregás cordero en alguna versión que siempre hay en el menu, o algo de
pato que también hace su aparición, ya estás recuperado como para
volver a dar batalla en Waterloo al ritmo de Abba.
Pero nuestro
esfuerzo fue más humilde, que solo nos volvimos a arrastrar a pie hasta
la gare de Fontainebleu para luego subirnos de vuelta al tren transilien
que nos devolvió a la Gare de Orly, y de allí metro mediante nos
acercamos a la estación de metro Jaurès, que comenzaba nuestro tour
vespertino: un paseo en barco por el Canal Saint-Martin,
que recorre buena parte de Paris, y pasa casi
al lado de la Place de la Republique y de la Bastilla superando una serie de esclusas muy interesantes de observar. Fue
un viaje educacionalmente muy instructivo, afuera ya estaba oscuro y
hacía frío pero valió la pena la aventura.
De regreso a tierra
firme, el barco nos dejó cerca de la Ópera y a partir de allí
emprendimos el regreso a nuestro hotel caminando un poco para entrar en calor, que teníamos que ponernos guapos
para nuestra última cena parisina que fue en un restaurante también
recomendado y bastante razonable todo. Los highlights fueron la
cassoulet y unas sopas de autor bastante bonitas.
Acabamos la cena con
una degustación de quesos de esos que te dejan en éxtasis por unos
minutos, hasta que vuelves en ti cuando te cae l'adición y se ha de
pagar, y partir, que la noche del sábado todavía era joven e invitaba a
rematarla por esos lugares a los que uno va cuando ya tiene edad para
votar.
El domingo nos despertamos con un poco de resacón pero con sol
que había que aprovechar. Así que hicimos el bolso en lo que cantan
unos 3 o 4 gallos, tomamos nuestro último mate en el hotel, hicimos el
check out pagando la tasa de sejour y demás, y partimos a
caminar por ahí.
Nos llegamos hasta el Palacio Real que estaba muy bien
de sol y tranquilidad. Nos tiramos un rato en una de esas sillas para
relax que tienen allí, y luego continuamos nuestra marcha: pasamos por
delante del L'Ouvre, y entramos a los jardines de las Tullerías. Allí
había sol pero también frío, así que tuvimos que pedir la ayuda a un
chocolate caliente que con un croissant de esos recién hechos siempre
viene bien.
Acabado el momento lagarta-al-sol, salimos de las Tullerías y nos
metimos en la rivera del Sena, que el sol estaba de fiesta en ese
momento y ya había gente caminando por todos lados. Hicimos un paseo por
la parte soleada del río, sacamos las fotos de rigor, entramos hacia
los campos Eliseos, nos detuvimos un rato a mirar lo que había en le
Petit Palace y en le Grand Palace, y continuamos la marcha.
Paramos en la avenida de los Campos Eliseos para admirar un rato el
Arco del Triunfo a la izquierda y la rueda de París a la derecha, y
continuamos camino hacia la zona chic de la ciudad, donde está el Palacio del Eliseo, las embajadas "históricas" y
luego todas esas tiendas super-super-super caras que para nuestra
sorpresa estaban abiertas en domingo (y todas vacías).
Suponemos que a la espera de que caiga algún jeque árabe a llevarse todo, porque sino que haría esta gente allí pobrecilla.
Cuando
nos quedó claro que la restauración en ese barrio tenía precios
proporcionales al coste de las carteras y accesorios que te venden por
allí, salimos rápidamente de él y ya en llegando más a una zona de
"gente como uno", le dimos a nuestra última ración de soupe a l'oignon,
magret de canard y boeuf bourgignon. Luego apenas tuvimos tiempo de
pagar y salir corriendo para nuestro hotel a buscar nuestro equipaje
mientras el día ya se había puesto nublado y casi-casi a punto de
llover.
Tuvimos tiempo de tomar el RER que te lleva a Charls de Gol nuevamente, y luego de 1 hora de cola + 2 horas de avion pudimos
regresar a casa sanos y salvos. Aquí ya el sol y la temperatura son un
poco menos salvajes así que estamos contentos de momento, y ya sacando la tarjeta de embarque para el proshen arret, que está bien tot. Nos han sobrado cuatro pases de metro y hemos comprobado que tanta caminata por la ville no nos han hecho subir de peso, así que volveremos una y otra vez, que Paris bien vale una misa y un allez-retour cada tanto. Mientras tanto, vosotros id
disfrutando de las fotos que quedan. A plus!
Carlos
viajó primero a principios de la semana para ir haciendo estudio de
terreno y ver cómo estaba la cosa que Don no se embarca así porque sí en
un viaje de estos si primero no le confirman que la comida está buena,
el clima es más o menos razonable, y los precios también.
Y así
fue que promediando el jueves aterrizó Don en la Ciudad Luz justo cuando
caía un chaparrón de esos que solo te hacen pensar en entrar al cine a
ver noimportaqué pero que te mantenga a cubierto del frío. Igual todos
estos cambios de temperatura en París pasan pronto, que ya llegado y
acomodado en el hotel de turno, se dirigió a encontrarse con Carlos en una pastisserie
del barrio Latino.
En el camino pasó por delante de lo que él recordaba
que era un centro comercial (mall), pero luego hubo de aclararle que el
lugar se llama George Pompidou, y centro es, pero de otra cosa. Carlos
lo esperaba en la pastisserie lamentándose que en esta vida todavía no
le toca vivir en el Boulevard Saint Germain, comer croissants todas las
mañanas y escuchar canciones de Edith Piaff en sus horas de nostalgia.
Ya
veremos si todo esto lo podemos conseguir en 1 o 2 vidas más adelante,
que de momento lo que hay es lo que hay, y al menos tiene su gracia
venir cada tanto a esta ciudad fabulosa a la que no hace falta recordar
mucho donde queda cada cosa porque te lo aprendes rápido, o es un gusto
perderse por sus calles y encontrarse con historia, cultura, paisajes,
turistas, glamour, Channel, y todo lo que hay por aquí.
Nunca
habíamos estado en Paris en noviembre y nos habían advertido que iba a
hacer frío y probablemente no tan buen tiempo. Por suerte no hizo
tanto-tanto-tanto frío, y el sol estuvo presente más de lo esperado como
podéis ver en las fotos, que el viernes luego de ir Carlos a pasear un
rato por la mañana por esas zonas intelectuales que le ponen a él, se apuntó Don para la comida y obviamente que lo mejor de lo mejor aquí es tener locales que
te lleven a lugares buenos.
Que caímos a comer el plat de
jour en el restaurante donde come la mismísima Jane Birkin, que no estaba la diva
allí pero diva hubo, que nuestra host local nos llevó luego a pasear por
la zona gastronómica y académica de Paris que se encuentra por allí, y
acabamos en el Observatorio de Paris donde pudimos ver el famoso
meridiano de Paris que perdió la final con el de Grenwich que sino ahora
sería el mas famoso del mundo mundial, y la mitad de la villa tendría una hora y la otra mitad, pues otra.
Subimos al techo del observatorio y
tuvimos unas vistas fa-bu-lo-sas de la Ciudad Luz, en cada dirección
había algo interesante para ver, e incluso tuvimos un guía que nos iba
explicando donde estaba cada cosa. Una tarde verdaderamente fabulosa en
este lugar secreto del nosecual arrondisement, ahi al lado de las
catacumbas.
De allí nos despedimos de nuestras amistades y
enfilamos hacia el Jardín de Luxemburgo, que siempre es un placer
visitarlo incluso en invierno. El sol le daba tímidamente porque ya
estaba bastante caída la tarde, pero igual dio para unas fotos y charlas
profundas sobre la vida y más allá.
Salimos de allí y enfilamos para el
Panteón Nacional adonde pudimos ver además de las tumbas de los grandes
de Francia (no sabemos si era radioactivamente seguro palmear la lápida de
Marie Curie pero igual lo hicimos), el péndulo de Foucault oscilando en
el centro del lugar. Acabada la visita recuperamos un poco de energía
con unos crepes en un bar local, nos pusimos nuevamente los abrigos y
volvimos a cruzar el Sena para volver a nuestro hotel, que nos esperaba
una primer cena en restaurante recomendado.
Que obviamente cuando
estás aquí en Francia hay que comer bien, esa premisa ni se discute. El
tema es encontrar lugares buenos y de precios razonables. Lo "razonable" hay que tomarlo con pinzas porque todo es
bastante caro -al menos comparado con lo que pagamos l@s que vivimos en Montjuic West- pero siempre se encuentran cosas razonables dentro de la gran oferta
gastronómica de esta ciudad.
La primer cena nos tocó una degustación de
un menu de autor que no estuvo mal pero nos dio ganas de mas, así que hubo que esperar al día siguiente para desquitarse. De allí
fuimos a rematar la noche del viernes con un poco de vida nocturna, pero
sin sobrepasarse que al día siguiente había que levantarse temprano.
Acabada la
visita y las fotos de turno, tuvimos que escondernos de la lluvia y el
frío en un restaurante para darle a la comida, que siempre una soupe a
l'oignon y una tabla de quesos te devuelve la energía. Y si a eso le
agregás cordero en alguna versión que siempre hay en el menu, o algo de
pato que también hace su aparición, ya estás recuperado como para
volver a dar batalla en Waterloo al ritmo de Abba.
De regreso a tierra
firme, el barco nos dejó cerca de la Ópera y a partir de allí
emprendimos el regreso a nuestro hotel caminando un poco para entrar en calor, que teníamos que ponernos guapos
para nuestra última cena parisina que fue en un restaurante también
recomendado y bastante razonable todo. Los highlights fueron la
cassoulet y unas sopas de autor bastante bonitas.
Acabamos la cena con
una degustación de quesos de esos que te dejan en éxtasis por unos
minutos, hasta que vuelves en ti cuando te cae l'adición y se ha de
pagar, y partir, que la noche del sábado todavía era joven e invitaba a
rematarla por esos lugares a los que uno va cuando ya tiene edad para
votar.
Nos llegamos hasta el Palacio Real que estaba muy bien
de sol y tranquilidad. Nos tiramos un rato en una de esas sillas para
relax que tienen allí, y luego continuamos nuestra marcha: pasamos por
delante del L'Ouvre, y entramos a los jardines de las Tullerías. Allí
había sol pero también frío, así que tuvimos que pedir la ayuda a un
chocolate caliente que con un croissant de esos recién hechos siempre
viene bien.
Cuando
nos quedó claro que la restauración en ese barrio tenía precios
proporcionales al coste de las carteras y accesorios que te venden por
allí, salimos rápidamente de él y ya en llegando más a una zona de
"gente como uno", le dimos a nuestra última ración de soupe a l'oignon,
magret de canard y boeuf bourgignon. Luego apenas tuvimos tiempo de
pagar y salir corriendo para nuestro hotel a buscar nuestro equipaje
mientras el día ya se había puesto nublado y casi-casi a punto de
llover.
Tuvimos tiempo de tomar el RER que te lleva a Charls de Gol nuevamente, y luego de 1 hora de cola + 2 horas de avion pudimos
regresar a casa sanos y salvos. Aquí ya el sol y la temperatura son un
poco menos salvajes así que estamos contentos de momento, y ya sacando la tarjeta de embarque para el proshen arret, que está bien tot. Nos han sobrado cuatro pases de metro y hemos comprobado que tanta caminata por la ville no nos han hecho subir de peso, así que volveremos una y otra vez, que Paris bien vale una misa y un allez-retour cada tanto. Mientras tanto, vosotros id
disfrutando de las fotos que quedan. A plus!

























