Men Orca (Jun 2016)
Llega el verano al hemisferio norte y nuestras escapadas crecen. Esta vez repetimos un lugar al que ya vinimos hace tiempo para conocer y hacer el test del guante blanco de las nuevas posesiones de Nacho y Alex, que luego de conquistar el Eixample Izquierdo de Barcelona, han decidido desembarcar en esta isla e incorporarla a su lista de territorios ocupados.
Para los que asociáis las islas Baleares con sol, playa y marcha, teneis que quitar la última palabrita de estas tres cuando os decidáis venir a visitar esta isla, que aquí está todo muy protegido y todo es muy familiar. Mucho inglés por todo lado desde tiempos inmemorables, pero nada de fiestas ni de ruido ni de cosa rara. Para eso tenéis que ir a la otra hermanita menor de este conjunto de islas, Ibiza.
Bajados los decibeles de esta nota, a hacerse una idea que nuestro finde largo fue de playita, buena comida, atardeceres y amaneceres tranquilos y fabulosos, y lo mejor lo mejor lo mejor que te puede pasar es que tus hosts sean Nacho y Alex que ellos se encargan de pasearte por la isla y contarte cosas. Mucho mejor que contratarte guias de turismo o andar con el Google Map o Google Earth o WikiTravel o equivalente.
Y ya saludados y abandonado el aeropuerto, nos dirigimos hacia el sur, adonde está su nuevo territorio, sobre la playa de Son Bou. El chalet que tienen es envidiable, y las vistas, magníficas. Hay que hacer un esfuerzo enorme para no odiarlos profundamente que ellos se pasan todo el mes de junio despertándose con estas vistas mientras a ti simple mortal te toca la ventana de la vecina del edificio de enfrente. Su terraza apunta hacia el sur, y en los días despejados (que son muchos) se puede ver a Mallorca en el horizonte. Muy muy muy bonita la ubicación.
Desayunamos con ellos unas típicas ensaimadas del lugar, y luego nos comenzamos a poner en movimiento, que esto de ser viajero frecuente es un trabajo que no te da tregua. Bajamos hacia la urbanización para hacernos de algunos snacks, y ya enfilamos hacia la playa. Hacía calor pero con bastante viento así que el mar estaba un poco movidito.
Igual había gente (no mucha, pero había) por allí. Caminamos un buen rato por la costa hasta llegar a un chiringuito donde nos tocó comer. Pescado fresco de la isla, claro. Que estaba MUY bueno, y fue disfrutado con vino tinto local, que hay poco y no es fácil encontrar buen vino, pero lo hay.
Los postres (también locales) fueron regados con un "licor de hierbas" que es típico de las islas. Hemos de advertirte que si no te va el anís, que ni se te ocurra oler este brebaje porque te caerá espantoso.Acabado el primer bacanal, fuimos a escondernos a una de esas calas a las que cuesta llegar y por eso no hay casi nadie. Nos bañamos un rato, y como el sol picaba de lo lindo, nos fuimos pronto.
Regresamos caminando por una porción dels "Camí de Cavalls" que rodea toda la isla y te pasea por humedales, sierras, playas y calas. Acabamos la tarde visitando el bar-lounge más próximo a su domicilio, compramos algunos quesos y vinos de la tierra en el supermercado de por ahí y regresamos a la espléndida terraza para ver la puesta del sol. Antes de ello, disfrutamos un rato de la piscina que tiene la comunidad aquí, que también tiene su gracia.
Como que estamos cerca del solsticio de verano, si vas a cenar al oscurecer es fijo que no lo harás antes de las 22. Fuimos a un restaurante no muy lejos de allí con comida local que estaba bien, y que tenía bastante gente. Un buen dato para los visitantes, la cocina de la mayoría de los establecimientos gastronómicos tiene horarios amplios y generosos, para satisfacer los caprichos de cuanta nacionalidad venga a descansar por aquí.A la mañana siguiente amaneció nublado y con pronóstico de lluvia. Luego de un late breakfast, subimos al coche y fuimos hasta el Monte Toro, desde donde se tienen unas vistas panorámicas fantásticas de la isla. Es que aquí puedes ir de un punto a otro de la isla en menos de 1 hora (en coche), es muy pequeño el lugar!
En regresados al chalet, tuvimos poco tiempo como para cambiar de calzado y volver a subir al coche para esta vez dirigirnos a cenar a Mahón, la otra gran ciudad de esta isla que está en el extremo este.
El lugar elegido para la cena fue una taberna muy típica de aquí y frecuentada por los locales, donde pudimos probar ortigas de mar rebosadas, que era la primera vez que (sepamos que) comemos anémonas, y la experiencia fue curiosa. Otro vino local nos hizo de acompañamiento, y nuevamente regresamos a casa rodando con el estómago lleno y el corazón contento.Como ya se iba acabando la tarde nos regresamos otra vez al chalet como para disfrutar de unos mojitos desde la super terraza mientras íbamos viendo caer la noche.
Nuestra última cena fue en el restaurante "El Molino" en Es Mercadal, en el centro de la isla, adonde Don recordaba que hace 7 años se pidió un cabrito al horno muy bueno, y no haremos el juego tonto de preguntaros que adivinéis qué se pidió Don anoche, que todavía tenemos los restos de esa inmensa porción en una caja en la nevera de casa, junto con las explosivas sobrasadas.Y aquí os dejamos, disfrutad de las fotos que siguen y del verano que se acerca (los que tenéis un verano que se esté acercando), y será hasta el proshen arret, que es más probable que nos veamos las caras "en vivo" antes de que volváis a leernos por aquí... Apa Siau! :D




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