Czesc!

La semana santa ha llegado a nuestras vidas de la mano de
Ryanair como ya viene siendo habitual en estos días de hedonismo y low cost. No se si las demás compañías aéreas son bastante malas también pero lo cierto es que en estos momentos Ryanair viene sumando puntos en nuestro top 10 de bajo coste, que ahora ya te asigna asientos así que no hay
que subir al avión corriendo para pelearse por el lugar. Igual tiene
algunos detalles por mejorar como eso de dejarnos congelandonos bajo el
agua nieve de Varsovia por unos 20 minutos antes de subir al avión de
regreso....
Pero comencemos por el principio, que desde la ahora
tenebrosa
T2 de Barcelona nos subimos al vuelo que nos llevó al
aeropuerto low cost de Varsovia,
Modlin.
Mucha idea no teníamos
de este país al que solamente llegamos de la mano del low cost, y
realmente nos sorprendió muchísimo todo lo que vimos, que en llegando a
Varsovia por la noche uno se encuentra de entrada con esas luces de neón
tipo Las Vegas que te hacen creer que para estar aquí, en el universo
de las
Zara, Sephora, Hard Rock Cafe y equivalentes, te hubieras quedado
en tu casa.

Pero es que Varsovia fue totalmente destruida por los
alemanes luego del heroico levantamiento de la población civil en 1944
que después de mantener liberada la ciudad por unos casi 30 días,
finalmente sucumbió ante la maquinaria bélica alemana y así les fue, que
no quedó piedra sobre piedra. Después vinieron los soviéticos (que
en rigor de verdad estaban esperando del otro lado del río a que los
alemanes hicieran el trabajo pesado) a "liberar" la ciudad, y luego el
país, y reconstruyeron la ciudad más o menos como estaba antes para luego firmar el
Pacto de Varsovia allí unos años después

Y
luego se fueron los soviéticos, y vino la Unión Europea... y el cuento
de siempre. Que al final uno se imagina que aquí uno se podrá encontrar
restos de sus años de esplendor comunista, pero poco y nada. Lo cual habla
muy bien de la efectividad de las oraciones que en los 70 Carlos y su
madre -junto con otr@s- elevaban hacia el más allá para que se acabe el
comunismo en este lugar y lleguen las luces de neón, las Zaras y las
Sephoras. Y cuánta generosidad en esto de pedir para otros lo que unos
no tienen, que todavía no han llegado ni la Zara ni la Sephora al pueblo
de la madre de Carlos, pero con oraciones todo llega, así que es solo
cuestión de tiempo.

La mañana siguiente nos encontró disfrutando
de un día soleado, así que aprovechamos para cruzar el
Vístula que
casi-casi pasa por el centro de la ciudad, pasear un poco por los
parques del otro lado, y volver a meternos de lleno en el centro
histórico de la ciudad, el centro histórico reconstruido, claro está.

Visitamos la catedral de la ciudad, el palacio real, nos metimos por una
zona de torres y murallas, y pasamos por delante de la casa natal de
la
Mari Curi, ahora convertida en museo. No nos animamos a entrar por miedo
a la radioactividad, pero seguro que eran temores infundados.

De
regreso de la caminata pasamos por el monumento al levantamiento de la
ciudad, una cosa un poco tenebrosa pero que es motivo de orgullo para
este país que tiene una historia bastante fulera, y buena parte de ella
es historia reciente. Pero conserva con orgullo ese rótulo que les puso
Winston Churchill al acabar la segunda guerra, que de todos los
territorios ocupados por el eje, Polonia es el único país que no
colaboró con los invasores, ni facilitó tropas ni logística. Y eso para
la crueldad que se vivía en esos días es bastante.
Luego de
almorzar nos dirigimos a la estación de tren, porque nos tocaba visitar
la otra ciudad importante de este país (ya volveríamos a por más
Varsovia al final del viaje, a la hora de tomar el vuelo de regreso):
Cracovia. Nos sorprendió cuan moderno es este país: en casi cualquier
lugar se puede pagar con tarjeta de débito/crédito. Los trenes son
cómodos, confortables, rápidos, tienen wifi, y van siempre en hora.

Además, casi-casi que no necesitamos aprender muchas palabras en polaco ya que la mayoría de la gente habla razonablemente bien inglés (esto en las ciudades, claro), o hace un esfuerzo por entenderlo, o conoce a alguien que lo entiende y usa de intérprete. Volviendo al moderno intercity, luego de un par de horas y un poquito más de cómodo wifi, arribamos a Cracovia city,
que nos recibió con un poco de agua y frío así que tuvimos que
abrigarnos un poco antes de salir a cenar.

Y por suerte estuvimos en
este país en días de frío, porque la cómida típica de aquí es bastante
pesadita: tienen una sopa de centeno que se llama
zurek que fue como
el highlight de lo que vimos y bebimos aquí. En su versión fancy viene
adentro de una bola de pan previamente ahuecado, y tiene ingredientes
como para tapar un par de arterias en cada sorbo. Recomendable para el
frío. También hay una sopa de tripa (mondongo) bastante picante que cae muy bien al estómago e inversamente al colesterol.

Para desilusión de Don y alivio de todos los corderos de la zona,
la carne típica aquí parece ser el cerdo, que viene cocido en varias
versiones. El cerdo de aquí es bastante grasoso, y a veces incluso
cuando no tiene mucha carne blanca, le agregan unos pedazos de bacon
como para rematar el sabor. Muy sabroso, pero definitivamente no es algo
para comer todos los días. Tienen también una especie de pasta como
ravioli, que la rellenan de varias cosas: carne, queso, chucrut,... Y
luego hay mucha verdura fermentada y mucho pickle: chucrut, col,
remolacha, pepinos en vinagre.... Para Carlos definitivamente esto es un
highlight. Don no opina lo mismo. En temas de dulces, hay unos crepes
que vienen con abundante nata y frutas en almibar que son como un cañón
de azucar y carbohidratos por cada cucharada, y también hay pasteles
varios típicos de cada zona. En definitiva, hambre no pasamos...

En
nuestro segundo día en Cracovia nos dirigimos hacia el centro histórico
de la ciudad y tomamos el free tour, donde nos mostraron los lugares
más emblemáticos del lugar, nos contaron de la rivalidad con Varsovia y
del hecho de que Cracovia tuvo más suerte en la segunda guerra mundial
ya que fue ocupada y desocupada rápidamente, así que no hubo mucha
destrucción de los edificios. Así que todo lo que hay por aquí es más
genuino y original. Cracovia parece ser una ciudad más rica que
Varsovia, tiene una universidad muy prestigiosa y también fue la
diocésis de origen del ya difunto y canonizado
Karol Wojtyla, cuya foto
aparece en cada esquina y cada marquesina.

Acabado el free tour
fuimos a reponer energías con zurek y cerdo en alguna de sus versiones, y
la tarde la pasamos en el
Rynek Underground, un museo arqueológico muy bien montado que está excavado en el subsuelo del centro mismo de la ciudad. Esa noche
cenamos más comida típica, y casi casi al borde del colapso cardíaco nos
arrastramos hasta nuestros aposentos a descansar.

Al día
siguiente nos unimos a un tour para visitar el campo de concentración de
Auschwitz-Birkenau, que se encuentra a hora y media de Cracovia. Es un
poco triste pensar que una de las "atracciones" de una visita a este
país es visitar este museo-memorial, pero también es cierto que estos
lugares están puestos para que no olvidemos lo que pasó allí, para que
honremos la memoria de los más de un millón y medio de personas -en su
mayoría judíos- que fueron asesinados y desaparecidos allí, y para ser
testimonio del tremendo daño que los seres humanos podemos hacernos
entre nosotros. Porque la lección aquí no es ver lo que éstos
hicieron a
otros, sino lo que nosotros nos hicimos a nosotros mismos. Y mientras
no aprendamos esta lección, estas barbaridades se siguen repitiendo en
distintos lugares del planeta ahora mismo.

La visita al campo de
concentración lleva su tiempo porque el predio es grande, y los horrores
que se cometieron allí son tremendos. Una guia va explicando como
"funcionaba" el campo. y cómo estaban distribuidas las tareas en el
lugar, y cómo fue el genocidio. Una cosa realmente espantosa...
De
regreso a nuestro alojamiento en Cracovia, esa misma noche comenzamos a
planear nuestros pasos siguientes, que en principio queríamos
acercarnos a los
Cárpatos para ver un poco de vida rural y naturaleza en
este país, pero como el pronóstico del tiempo indicaba lluvia en todo
el país por el resto de la semana, decidimos visitar una ciudad más
hacia el oeste del país, sacamos billete en tren y hacia allí partimos
al día siguiente.

Pero antes de subirnos al tren tuvimos la
oportunidad de nuestras vidas que fue de tomar
el tour de la Cracovia comunista, donde te vienen a buscar en un coche de esos setenteros y te
pasean por el gran experimento soviético de la guerra fría que fue lo
siguiente (a tomar nota los iluminados que después podeis hacer lo mismo
en vuestra ciudad o comarca): qué hacer para emparejar un poco
socialmente una ciudad burguesa e intelectual como Cracovia? Pues te
inventas un arrabal de 300.000 obreros al lado de esa ciudad, les pones
un par de fabricas y ya tienes todo más parejo! El experimento se llama
Nowa Hutta, y realmente es muy interesante de ver ya que las
construcciones son bastante buenas, y el lugar estaba bien diseñado con
espacios verdes, hospitales, escuelas, etc, etc.

Lastima que las
fabricas que estaban ahí mismo eran super-contaminantes, y hay fotos que
muestran la vida en los 60 allí bajo un smog constante. Ahora queda el
barrio así como está, entramos a ver una casa diseñada como en los 70,
vimos cartillas de racionamiento, etc, etc. Muy interesante todo, pero
tuvimos que salir corriendo de Nowa Huta, que se nos iba el tren para
nuestro destino siguiente.
Wroclaw (que en polaco se
pronuncia casi como "rough love" en inglés) es una ciudad también muy
bonita y pintoresca, bastante cerca ya de Alemania. Conserva muy bien su
casco histórico, y tiene varios museos y lugares interesantes para ver.
También tiene una universidad bastante importante, y consecuentemente mucha juventud por las calles.


En nuestra primer mañana allí nos tomamos el tram
hasta llegar al centro (y atenti al dato de modernidad, que en el tram se puede pagar
el billete sencillo con tarjeta de crédito.... ¿adónde más habeis visto
algo así?), y en arribados al lugar una lluvia torrencial nos obligó a
buscar refugio en uno de los mercados de la ciudad, donde acabamos
desayunando en un
bar mleczny, que son comedores de esos que sobreviven
de la época comunista, lugares subsidiados por el estado donde se puede
comer por muy poco dinero. La comida es bastante grasosa en general,
poca carne, mucha pasta y sopa. Y te atienden unas mujeres (no es que
uno sea políticamente incorrecto, pero la
Lonely Planet ya te lo explica y uno confirma luego que todo el personal que trabaja aquí era del mismo sexo) a cara de perro poniendote la
comida de a cucharones en el plato como en el comedor de la escuela de
los Simpsons.

Y ni se te ocurra pedirles agua para mate o favor
equivalente porque ya te imaginas la respuesta y la cara de ella cuando
te responde.
Acabado el desayuno y el aguacero, nos pusimos a
pasear un poco por la ciudad, tiene un centro histórico muy bonito y
bien conservado, y una peculiaridad de esta ciudad es que tiene varios
enanitos de bronce desperdigados por ahí, que se supone que uno tiene
que encontrar a medida que va caminando. Cómo que se largó a llover otra
vez, nos metimos en el museo de historia de la
ciudad que no tenía
desperdicio, y luego de almorzar otra vez más de lo mismo (zurek y
cerdo), nos pasamos la tarde paseando por allí cuando no nos caía agua
encima.

Al día siguiente, como que el pronóstico del tiempo
seguía insistiendo en que la lluvia iba a estar con nosotros todo el
tiempo, decidimos pillar coche de alquiler y cual
Thelma y Louise
bálticas, huir hacia el sur, hacia
los Sudetes, en la frontera con la
república Checa. Antes de partir tuvimos tiempo de visitar el
Panorama de Raclawice, que es una pintura circular inmensa donde se puede
apreciar la batalla de Raclawice que se libró en el siglo XVIII, símbolo de orgullo
del pueblo polaco.

El coche de alquiler nos llevó al pueblo de
Jelenia Góra, ya casi sobre la frontera sur del país. Allí la lluvia se
transformó en nieve, y los idiomas disponibles en la calle: polaco o
alemán. Aún así pudimos conocer el pueblo, visitar el museo local, y
pasar una tarde fabulosa en un spa de aguas termales con piscina al
exterior, adonde uno podia relajarse con agua calentita mientras te caía
nieve sobre la cabeza.
A la mañana siguiente nos acercamos hasta
el parque natural local para encontrarnos que estaba todo muy nevado y
no habían muchos senderos por recorrer, visitamos alguna cascada, y ya
nos metimos en el coche de alquiler para retornar a Wroclaw para
devolverlo, y de allí pillar tren de regreso a Varsovia, que se nos
estaban acabando los días.

En Varsovia aprovechamos para visitar
los museos importantes que hay que ver:
el del alzamiento de la ciudad en 1944 que es verdaderamente impresionante, con imágenes en 3D
de la ciudad totalmente devastada luego de la derrota de los locales.
Realmente es sorprendente que haya todo lo que hay allí ahora cuando
hace 70 años solo estaba la tierra pelada y humeante. De allí saltamos
al
Museo de la historia de los judíos polacos, que es interesantísimo,
estuvimos más de 3 horas allí aprendiendo sobre ritos, costumbres y
anécdotas de este grupo.
Y también de sus momentos negros, los lejanos y
los no tan lejanos. Este museo se encuentra en el corazón de lo que era
el guetto de Varsovia (que también fue destruido totalmente luego de un
histórico alzamiento de los judíos en 1943), así que paseando por allí
vimos algunos monumentos icónicos, acabando en el lugar donde se
encontraba la
Umschlagplatz, adonde se detenía el tren que se encargó de
llevar a los más de 200.000 judíos residentes en Varsovia a su destino
final en el terrible campo de concentración de
http://es.wikipedia.org/wiki/Campo_de_exterminio_de_Treblinka
La
mañana de Pascuas, nuestro último día en Polonia, nos encontró
preparando el bolso, haciendo checkout del hotel, y enfilando para el
Parque Lazienki. Como que era el domingo pascual, casi nada estaba
abierto así que lo tuvimos difícil para conseguir alimentarnos, pero por
suerte lo conseguimos.

El parque era bastante grande e interesante, y
en el camino nos encontramos con varios grupos tipo sindicato teniendo
su "almuerzo pascual" en carpas o restaurantes. Costumbres de aquí, se
ve... En llegados al parque, conseguimos acercarnos a una estatua de
Chopin (que es aborigen de Varsovia, así como la Mari Curi) para tomar
mate junto a ella, y luego escaparnos que la llovizna que caía comenzó a
cuajar en nieve, acabar en un restaurante bebiendo nuestro último zurek
(Don) y sopa de tripa/mondongo (Carlos), para luego volver a por
nuestras cosas y enfilar hacia el aeropuerto para que Ryanair nos
maltrate un rato, intente vendernos la tarjeta del Rasca y Gana arriba
del avion, y nos deje sanos y salvos en la primavera de Barcelona City.
Llegamos justo a tiempo para saludar a nuestros familiares por teléfono
por las pascuas y encontrar la casa en orden, como es costumbre en estas
épocas. Disfrutad de las fotos que siguen, y será hasta el proshen
arret.. Do widzenia!!
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