martes 10 de enero de 2012

Argentina's Cholesterol Tour (Dic 2011- Ene 2012)

Hare Khristmas y feliz 2012 para todos! (en particular para los mayas, que es el último). La vida de Carlos no tiene nada que envidiar a la gente del yet set como la Isabel Allende: ella se consigue un marido en la bei area, él también; ella tiene familia en Sudamérica, pues Carlos también se consigue una por ahí abajo. Y con la familia vienen las obligaciones, que cada tanto hay que ir a visitarla. Y aquí nos diferenciamos de la Chabel, que ella visita a los suyos en el verano del hemisferio norte, y así le va que después aparece en las fotos toda emponchada, muriéndose de frío mientras esquiva los terremotos. Nosotros decidimos que tiene más sentido hacerlo para fin de año, así de paso nos tostamos un poco y mimamos la autoestima de nuestros colesteroles: el bueno y el malo.
Y fue así que el día más corto/largo (tachar lo que no corresponda) del año pillamos British Airways para hacer Barcelona-Buenos Aires, triangulando via Londres. Tuvimos que esconder nuestras camisetas de las Falklands porque no está el horno para bollos, pero muy correcto el servicio de British, lo tenemos que decir. Claro, acostumbrados a como estamos a las low cost donde viajás como ganado, en estas empresas donde no te cobran el uso de los salvavidas ni de las máscaras de oxígeno, estamos como vaca suelta en la Pampa húmeda.
Pues eso, que 20 horas más tarde de haber salido abrigadísimos de casa para ir al aeropuerto de Barcelona, nos recibía Buenos Aires con 38 grados de calor, y por suerte con una lluvia que hizo que pronto la temperatura bajara... unos 5 grados y eso hiciera nuestra estancia un poco más soportable. Así como es bebida obligada para Don cada vez que pasamos por Londres una botella de Dr. Pepper, en Buenos Aires hay que tomarse un submarino, y hay que ver lo feliz que se lo ve a este chico hundiendo la barrita de chocolate en la taza y revolviendo después como si fuera un niño en su cumpleaños número 8 antes de zamparse la bebida caliente...
Advertimos ya desde el principio que en este nuestro primer capítulo del año hablaremos mucho de comida, ya que contamos durante nuestra estadía 17 banquetes (¡y un funeral!) en 2 semanas, pero es que en Argentina la época de fiestas es para eso: para encontrarse con familiares y amigos (y para reconciliarse con los no tan amigos, pero no hablaremos de ello en este blog) y entregarse a los pocos placeres que la religión católica te permite públicamente. En fin, que una de nuestras primeras actividades gastronómicas en la city fue ir de tour de bodegones, y así fue que caimos en "Don Chicho", donde para desilusión de los carnívoros del grupo (i.e. todos) nos tuvimos que conformar con la pasta amasada in situ y quedarnos con la promesa de que los que puedan volver en marzo podrán comer chivito.
Esa misma noche tuvimos nuestro primer asado de la temporada, en el club de amigos de Gabriel, donde el plan era asado+piscina, pero como hacía frío (¡Sí! Hizo frío en Argentina sobre la navidad) tuvimos que conformarnos con el asado. Previo a esto degustamos nuestros primeros panes dulces y mate de silicona en lo de Pablo y Silvana.
Al día siguiente ya era 24 de diciembre, y después de un fabuloso brunch con Teresa, Lisi y Willie en algún lugar de Palermo que ya no recordamos, nos dirigimos al aeroparque para dirigirnos hacia Corrientes, esta vez volando con Aerolíneas Argentinas. También hemos de decir -sin ánimo de ofender a los anti K's- que el servicio de aerolíneas fue muy correcto, la puntualidad, las colas, el vuelo, el programa de entretenimientos a bordo... Al llegar a Corrientes city, nuestra primer sorpresa fue que estaba lloviendo y había refrescado... el 24 de diciembre! En arribando a la casa familiar, ya estaban las mujeres del clan abocadas a la preparación de chipás y pastelitos que fueron devorados por la concurrencia allí reunida. Y si nosotros ya hubiéramos dado el primer paso en el programa de bulímicos anónimos, tendríamos que reconocer que tuvimos que pasar por el vomitorio para ajustar un poco tanto material ya engullido hasta ese momento, porque 3 horas más tarde del convite de bienvenida comenzaba la cena de nochebuena. Pero no hablaremos aquí de vomitorio alguno porque encima queda de mal gusto. Que Nico se había pasado como 5 días preparando un pavo que fue acompañado de las cosas más variopintas como para una verdadera cena de nochebuena como corresponde: con muchas calorías. Y aquí digamos que el clima dio la nota porque estaba fresquito y hasta daban un poco de ganas de comer todas esas cosas que se comen en Argentina en la noche de nochebuena. Y como marca la tradición, se juntó toda la familia para cenar sobre las 22, y para la medianoche hubo brindis y ruido de cohetes bajo la lluvia (???!!!??). Un rato más tarde aparecieron las sobrinas Rocío y Martina a desearnos feliz navidad... y buscar sus regalos, claro! No sabemos si el regalito que el Niño Jesús les dejó aquí en Barcelona y que tuvimos que acarrear por todo el Atlántico arriesgándonos a pagar exceso de equipaje y/o tasas de aduana; como decíamos, no sabemos si a las nenas les gustó o no, pero seguro que a los tíos les encantó, ya que se pasaron un buen rato jugando con el juguete nuevo. Después vino la ronda de siempre, que saludos al resto de la familia, a los amigos,... y ese día como que estábamos un poco cansados terminamos temprano, para las 4 de la mañana ya estábamos durmiendo.
Al día siguiente las hermanas de Carlos dijeron que ya basta de tanta comida, que había que hacer algo de actividad física, y así fue que nos acercamos caminando hasta la costanera de Corrientes, sobre el río Paraná. Al llegar nos enteramos que ya pueden disfrutar del wifi los correntinos en su costanera, y también de un bus gratuito con aire acondicionado (¡y wifi!) que te lleva de un extremo a otro.
Igual, de mucho no sirvió el ejercicio físico que al día siguiente era el enésimo aniversario del casamiento de los padres de Carlos, y don Antonio se curró un arroz con pollo bajo la mirada atenta de su yerno que también hace malabares con la paella, pero ahora le tocaba estar de aprendiz.
Así que hubo gran-almuerzo-gran de celebración donde estuvo nuevamente toda la familia reunida + amigos de los homenajeados, y después de un brindis con champán y helado de limón nos arrastramos a hacer la digestión con las sobrinas en el cine con aire acondicionado más próximo a nuestro domicilio.
Por la noche tocaba otro momento gastronómico que amenaza convertirse en un clásico, que Emilio nos invitó a cenar y poder participar de cualquier evento que involucre la cocina de Emilio debería figurar en la lista de las 100 cosas que hay que hacer antes de morirse ranqueando entre las primeras, que vos (y sí, lo decimos en argentino: "vos") seguro que cuando organizás el mejor de los banquetes que se te pueda ocurrir vas a ir corriendo a la panadería más próxima a tu casa para conseguirte el pan (o peor aún, lo vas a sacar del congelador). Pero Emilio se prepara hasta su propio pan, y eso ya lo pone en un estadio superior al de todos nosotros, simples mortales. La cena era una especie de fusión de tapas mediterráneas con algunos agregados locales, lo cual fue una especie de oasis entre tanta carne, pasta, helado, sidra, pan dulce, turrón y esas cosas que se comen en estos días de calor (??!??) por la zona.

Al día siguiente del festín de Emilio, subimos a toda la familia en el auto (en realidad eran 3 autos porque todos no cabíamos en uno solo), y nos fuimos a pasar unos días a Empedrado, que la calor estaba volviendo sobre nuestras espaldas y necesitábamos una escapada low cost. Y Empedrado está solo a 60 km. de Corrientes, así que nos venía de maravillas. Allí habían barrancas para trepar, arena, playa, sol, agua... y mientras los más chiquitos se pasaban el día en la piscina, los grandes nos escondíamos en la sombra o bajo el aire acondicionado. También comimos, claro, que el 29 nos cayó allí y tuvimos los ñoquis de rigor (con estofado de pollo!). Para rematar el evento, la última noche Don tomó control de la parrilla e hizo un asado que estuvo muy bueno. Fue muy educativo explicar a los comensales que las mollejas eran la glándula esa que le iban a sacar a la presidenta en la operación del 4 de enero. Gracias a eso quedó bastante molleja sin comer, para alegría de Don que es un fan total de esta achura.
El último día en Empedrado cayó Mauricio, que nos llevó a andar en piraguas en el Paraná por la tardecita a los pocos inconcientes que aceptamos con gusto la aventura bajo un sol que rajaba la tierra pero igual hacia allí fuimos. Y hemos de reportar con orgullo que no solamente no volcamos ninguna de las piraguas, sino que además conseguimos atravesar uno de los canales del río hasta la isla de enfrente y regresar sanos y salvos en tiempo y forma hasta la costa. Con los brazos cansados y sin aliento, que la ida fue contra la corriente, y el regreso... contra el viento. Al menos al día siguiente no hubo que reportar ni contusos ni quemados, lo cual habla muy bien del equipo :-)

Y ya de regreso a Corrientes city, empezamos a prepararnos para la noche de fin de año, que esta vez los encargados del equipo de cocina eran Don y Carlos. Y como nosotros no somos Emilio, el pan vino del freezer. En nuestra defensa hemos de decir que nos encargamos de proveer el resto que era (en orden de aparición): lengua a la vinagreta, pollo a la provenzal, chivito y ensaladas varias. El tema de la nochevieja era vestirse de blanco, así que toda la familia estuvo a tono con esta tradición (o alguna versión de ella), y llegada la medianoche se procedió con el brindis de rigor + los cohetes + los fuegos artificiales + los saludos a familiares, parientes, amigos, conocidos y bienhechores... esta vez la hicimos bien y acabamos la última noche del año viejo (¿o la primera del nuevo?) como corresponde: regresando a casa cuando ya se podía cocinar un huevo rompiéndolo arriba del pavimento. Hizo calor esa noche, como corresponde, así que nos puso contentos de que todo había regresado a la normalidad.
El primer día del año nos encontró haciendo lo tradicional en estos lugares del planeta, que es despertarse sobre el mediodía, comer los restos de comida de la noche anterior, y bajar a la playa. Esta vez nos tocó ir a Paso de la Patria adonde nos esperaban Gerardo y sus amigos con quienes fuimos hasta el río Paraná. Allí tomamos un poco de sol, nos refrescamos, y más tarde le dimos al mate con pastelitos para juntar energías para la vuelta.

Pasamos una semana más en Corrientes, nos quedamos a esperar a los Reyes que prometían regalos interesantísimos venidos desde medio oriente. Las expectativas eran enormes: que misiles nucleares provenientes de Irán, protestas masivas en Siria seguidas de sus correspondientes represiones... la ansiedad era total. Así que alternábamos noches de hamburguesas en la costanera correntina con salidas con amigos. Fuimos a cenar a lo de Laura y Facundo, y el chef nos sorprendió con una lluvia de tapas variadas como antesala de unos medallones de lomo cuidadosamente preparados que estaban para chuparse los dedos.

Y finalmente llegaron los reyes, y los que nos portamos bien en el 2011 recibimos regalitos, lo cual fue una nueva excusa para reunirnos todos a disfrutar de un almuerzo de Reyes-despedida con la comida favorita de Carlos, que ya ese día partíamos de regreso a Buenos Aires, y todavía nos quedaba un fin de semana más de calor en la city.

El sábado arribamos a la gran ciudad ahora via omnibus/autocar (tachar lo que no corresponda), que es impresionante la cantidad de vehículos que hay ahora por las rutas del país así que nos sorprende haber sobrevivido ese viaje. Será que era el fin de semana del Gauchito Gil... Después de una siesta refrescante, nos dedicamos a ir de compras para conseguir nuestros últimos recuerdos de este lugar: que vinos Malbec, que mates, que objetos de cuero, que libros...

El domingo hubo el tradicional asado en lo de Lisi y Willie, donde no hubo mollejas porque ya había pasado el 4 de enero y las mollejas ya se habían extirpado. Igual, el festín estuvo para chuparse los dedos, y la morcilla... hmmm como si fuera manteca/mantequilla (tachar lo que no corresponda)

De tardecita nos pasamos un rato por lo de Silvia para conocer su fabulosa nueva casa (+ la nueva casa de Bruno, Santi y Florencia) y nos volvimos a nuestro apart-hotel en lo de Teresa en el 152. El lunes como cobardes huimos antes que la temperatura llegara a 38 grados, arrastramos en nuestro equipaje el vino, los mates variopintos que conseguimos durante la visita, sus respectivas bombillas, las remeras, gorros, camisetas, calzoncillos (???) que supimos conseguir, y tendríamos que haber puesto también en el equipaje unos frascos de Hepatalgina, que Nico nos sugirió consumir después de cada una de las comilonas navideñas.

Desde Ezeiza volvimos vía British Airways a nuestro tranquilo invierno de principios de año, ahora nos toca comenzar la dieta para sacarnos de encima todos los excesos gástricos de estos días... o instalar un vomitorio y continuar viviendo la vida loca (!) Disfrutad de las próximas fotos (son miles, pero no las pondremos a todas porque en algún momento nos tenemos que ir a dormir), y será hasta el proshen arret.
























domingo 11 de diciembre de 2011

Sofia... Reina (Diciembre 2011)

Hillary está que trina, que Vladimir anda diciendo por allí que es una metiche y una mentirosa, y si hay ALGO que le arruina el desayuno a esta chica es justamente eso, que le digan metiche y mentirosa. En realidad, si lo mismo hubiera dicho Angela o la otra que llora delante de las cámaras, se lo habría tomado mejor, pero que el comentario viniera de un hombre que (y esto es casi-secreto de estado así que negaremos haberlo escrito hasta el hartazgo) cada vez que habla con ella le mira por debajo de los ojos... en fin, que para mostrarle a los rusos que así porque si no se dicen las cosas se ordenó a todos los que trabajan en "el servicio" que nos acerquemos a los Urales tanto como nos deje el presupuesto... Y por un poco más de 100 euros Wizz Air te lleva hasta Sofía (y te trae, claro), la capital de Bulgaria, arriba de Grecia y bordeando el Mar Negro; así que hacia allá fuimos (por el mismo precio pudimos haber llegado -con la misma compañía aérea- hasta Bucarest pero era un vuelo de 2 a 5 de la mañana y por suerte en los esteits no hay ni dios ni patria ni él que te lo demanden, así que elegimos Sofía).

Dicen que Wizz Air es como la Ryan Air de Europa del este, y algo de verdad hay en esto, que aquí también te toca ir a que te revisen los documentos antes de entrar a la zona de embarque si no eres ciudadano de ComDesunidad Europea (léase "Don"), pero a diferencia de Ryan Air, aquí la chica en el mostrador te mira el pasaporte, y unos segundos después te dice "está bien, puedes ir a la zona de embarque tranquilo", y de paso le advirtió a Carlos que con esa mochila tan grande no le iban a dejar subir al avión.

Por suerte Don es ingeniero que en dos minutos haciendo una redistribución de ropas y artículos inútiles varios consiguió compactar el equipaje de Carlos al tamaño "mochila de adolescente japonesa" y ambos pudieron subir al avión en tiempo y forma sin tener que pagar ninguna de las excesivas tasas que te cobran estas compañías por descuidarte; y 2 horas 40 minutos más tarde ya estábamos en Sofía, la capital de Bulgaria, en el límite de la Unión Europea. Bulgaria no tiene el euro, sino una moneda que se llama "Lev" que quiere decir "León" y hay (estatuas de) leones por todos lados, que parece que es como una de las señales identitarias de este país. De todos modos, el lev está "fijado" al euro así que los pobres también bailan al compás de los mercados como sus vecinos...

Como que estamos en invierno en el hemisferio norte, y si bien Sofia está más o menos a la misma latitud que Barcelona, el clima es más bien continental allí, y hacía MUCHO frío. Nuestro primer día allí nos recibió con la primer nevada de la temporada, que por suerte la sobrevivimos junto con nuestros amigos del free tour Sofia, que es la mejor bienvenida que te puede dar una ciudad donde todo está escrito en cirílico (esta escritura es de origen búlgaro, como el yogur, que conste en actas) y poca gente habla otro idioma que búlgaro, así que se agradece que haya alguien local hablando en inglés y mostrándote la ciudad bajo una tormenta de nieve. Así que nos pasamos toda la mañana entre caminando y patinando por el centro de Sofía que tiene templos de todo tipo y color: católicos, ortodoxos, mezquitas, sinagogas,... y todo en un radio muy pequeño de espacio.

Al finalizar el tour fuimos con la guía a nuestra primera degustación de comida local, que consistió en sopa de tripa (para Carlos) y otros platos interesantes, todo regado con Rakia caliente con miel, que allí esta bebida se consume como digestivo, y que ya el olor te puede quemar los pelos de la nariz, así que hay que ir de a poquito, casi diríamos que hay que regar la bebida con bastante comida (!)

Pasado el momento gástrico y el temporal de nieve, nos dirigimos al museo de arqueología, que a Don le va (y mucho) ese rollo. Que parece que los antepasados de los búlgaros eran los tracios, que eran super-guerreros y que no te convenía encontrarte con ellos que nunca estaban de buen humor. Y en este museo se encuentran restos de sus tumbas, encontradas en excavaciones varias. También hay cosas de los eslavos que vinieron después, los romanos, los bizantinos, los turcos,... digamos que hay material para pasar la tarde allí.

De noche fuimos a cenar a un lugar recomendado por otros españoles que habíamos conocido en el free tour, y que estaba bastante bien. Los precios en Bulgaria son bastante baratos, y nos imaginamos que en el interior del país deben de serlo más todavía. Y la comida tiene mucha carne de cerdo (según la guía es para diferenciarse de sus vecinos turcos), mucho guiso, y todo servido en unos platos y vasos de cerámica muy colorida que también es bastante búlgaro y que obviamente nos hemos traído algo de eso en nuestro carry on de regreso a casa.

Al día siguiente salió el sol así que aprovechamos para visitar templos, mezquitas y museos. Fuimos primero a una sinagoga enorme que estaba ubicada cerca de nuestro alojamiento (¡10 puntos el Danish Hostel!), que parece que en Sofía en algún momento de la historia vivió la comunidad sefardí más grande del planeta, y que ahora muchos se fueron a vivir a Israel así que el templo está casi vacío y allí funciona un museo.

De allí fuimos a visitar iglesias ortodoxas varias. Y aquí hay que decir que a Carlos le gusta visitar iglesias en los países que están del otro lado de la cortina de hierro para ver los frutos de tantas noches de oración allá lejos en su infancia -acompañado por su fervorosa madre- donde pedían por el fin de la persecución religiosa en estos países. Por eso siempre se lo encuentra en las puertas de templos varios sonriendo benevolamente a cuanto visitante pase, con cara de "gracias a mi hoy podeis pisar este lugar". Nunca una mejor inversión esos rezos, quizás la única inversión que le salió bien porque a como va la eurosaga, quizás el año que viene lo tendremos nuevamente en las puertas de estas iglesias, pero con un jarro en la mano y pidiendo limosna.

A lo que íbamos, que fuimos a varias iglesias ortodoxas, varias de ellas con mucha historia adentro, y también muy negras de tanta vela e incienso encendidos a lo largo del tiempo.

Luego de una pausa-almuerzo para atacar nuevamente potajes varios, enfilamos para la "Borisova Granadina", donde hay un gran monumento a los soviéticos que no tiene nada de homenaje a los recientes años de yugo comunista, sino a noseque guerra que ocurrió hace casi 2 siglos donde los rusos liberaron a Bulgaria del yugo turco. Como en todo lugar post-cortina de hierro, habían aquí varios monumentos comunistas pero fueron todos demolidos rápidamente después de la Perestroika. Y si a uno le parece que es una pena que habría que conservar esas cosas también, os hemos de decir que el único general ruso que conserva su estatua escondida en una plaza, lo encontramos junto a un altoparlante donde pasaban canciones de Lady Gaga creemos que en inglés (porque esta chica canta en varios idiomas, que lo sepáis), que hasta nos daba pena el pobre señor ruso allí, condenado en ese pedestal.

Cruzando el parque, uno se encuentra con el Museo Nacional Militar, donde por el módico precio de 10 levs te puedes pasar la tarde aburriéndote mirando trajes militares, fusiles, medallas, historias de batallas y demás... Interesantemente el museo está custodiado por mujeres, que se ve que eso de permitir que ambos sexos puedan acceder al ejército les vino de perlas a la milicia búlgara para endilgarles a las chicas este trabajo. Como que encima no nos dimos cuenta y pagamos el precio "premium", resulta que eso nos daba acceso a un piso más de los cuatro que ya veníamos aburriéndonos de tanto fusil, ropa y medalla. Al menos en el patio habían tanques, aviones y misiles que daban miedo. De regreso al hostel, ya entrada la noche, nos encontramos con una de esas típicas ferias navideñas de países del norte donde la gente va y hace de cuenta que se lo pasa bien mientras hace un frío infernal alrededor. Por suerte nuestra navidad no será así, al menos este año...

Al día siguiente decidimos que ya era hora de salir un poco de la gran ciudad, y nos dirigimos hacia "Boyana", un suburbio donde habitaba la clase alta comunista en la Bulgaria pre-Perestroika. Allí está el museo de historia nacional en un edificio-palacio de estilo comunista que impresiona. También eran todas mujeres las cuidadoras de este museo, que no sabemos si depende de los militares o no. Impresiona la cantidad de oro que tenían los tracios...

De allí fuimos a visitar una iglesia ortodoxa del siglo XI que es patrimonio de la UNESCO, y que estaba a 2 km. del lugar. Como que el taxi ya nos salió bastante más caro que lo previsto (y eso que Don portaba GPS así que podemos afirmar con seguridad que el taxista nos paseó por allí), decidimos continuar el camino en bus. Pero olvidamos la super-gran-regla que nos diferencia a nosotros -pobres mortales- de los búlgaros, que es que cuando ellos quieren decir "no" mueven la cabeza de arriba hacia abajo, y viceversa: cuando quieren decir "si" la mueven de derecha a izquierda. Así fue que cuando subimos al bus que NO iba a la iglesia, que el conductor nos indicó muy bien con el gesto búlgaro apropiado, nos quedamos muy tranquilos allí, y el paseo que el taxista no nos proporcionó por el gran Sofia lo hicimos en bondi. Finalmente, a fuerza de preguntar por derecha e izquierda, llegamos a la dichosa iglesia y disfrutamos de los 10 minutos que te dejan estar adentro para ver frescos de santos y esas cosas que se ven en las iglesias.

Ya emprendiendo el regreso a la gran ciudad, conseguimos el gran logro de comer en una taberna donde todo estaba en búlgaro y no tenías ni idea de lo que pedías ni de lo que pagabas, que por suerte no era mucho. Lamentablemente no podemos reportar qué fue lo que comimos porque no lo sabemos, pero aquí estamos para contarlo y eso es lo que vale.

Esa noche nos dimos como cena final de despedida el gran festín, fuimos al restaurante recomendado por la Lonely Planet donde le dimos a la carne local (kebab de jabalí!) y al vino búlgaro que también es muy bueno y abundante, pero que como no nos iban a dejar traer ninguna botella en la mochila de adolescente japonesa estos de Wizz Air, pues no fuimos mucho en esa dirección. Definitivamente para disfrutar de la comida en este país hay que ir en invierno, que nos da la impresión de que en el verano agregan algunas sopas frías al menu pero los potajes siguen siendo los mismos.

Al día siguiente fuimos al mercadillo, que Don siempre tiene que ir a aprovisionarse a uno de ellos. Y mientras Carlos ya saboreaba la frustración de Don que aquí no había manera de regatear, porque la mayoría de los vendedores no hablaba ni jota de inglés, y encima cuando querías decir que NO querías una bolsa para envolver el sweater que te acababas de comprar, por error movías la cabeza en la dirección incorrecta y te encajaban la bolsa de plástico! En fin, al final Don consiguió -usando el famoso truco de "dejo la cantidad de dinero que quiero pagar en la billetera y ni un lev más"-
pagar 22 por 25 mientras Carlos miraba a los yayos jugar al ajedrez en mangas de camisa bajo un frío que congelaba los huesos.

De allí fuimos nuevamente a comer algo más o menos rápido que nuestro vuelo partía a las 4 de la tarde, y al parecer debía de haber caos y congestión en SOF, pero todo ocurrió con mucha tranquilidad. Nuevamente verificaron la documentación de Don y le dijeron que estaba bien, nos dejaron subir al avión con nuestro super-compacto equipaje de mano y ahora estamos en casa pensando en si vale la pena comenzar una dieta dado que ya tenemos las fiestas tan cerca...

Y en llegando a este rincón toca decir nuevamente que se acabaron nuestras aventuras por lo que va del año, que el fin de año nos encontrará nuevamente viajando por allí porque... en el 2012 se acaba el mundo!

Pasad unas bonitas fiestas, bebed con moderación, y ya nos veremos por aquí, por allá, en algún arret