Primavera en Argentina (Sep 2015)
Huija che!Con esta práctica peligrosamente inductiva de venir siempre al sur alrededor de finales de diciembre, a Don ya se le había formado un mapa mental de la Argentina como una tierra exotica y extraña de habitantes salvajes que se dedican frenéticamente a vaciar supermercados para luego comer y beber como descosidos abrazados al acondicionador de aire mientras afuera el termómetro explota explota me explo.
Así que hubo que tomar cartas en el asunto y arreglar una visita durante la primavera para salir del círculo vicioso.
Setiembre fue el mes elegido, y la primer mañana de este mes -que fue una jornada de frío invernal- tuvo como protagonistas en el aeropuerto de Ezeiza a Carlos que arribaba temprano desde una Barcelona increiblemente caliente, y Don que cayó tarde por la noche desde una México DF

En algún momento de la visita hubo que tomar la nacionalísima compañía aérea y subir hasta a visitar a la familia. Obviamente a uno se le van cayendo los pelos pero los de zonzo ninguno, así que hicimos coincidir nuestra visita con cumpleaños familiares varios, y de vuelta a comer: que arroz con pollo, que asado, que ravioles, que chipá, que pastelitos... Don preguntó en algún momento "dónde estaba la verdura?" y creo que le contestaron que si no presentaba una prescripción médica, en el mercado local ni se la iban a mostrar...
Esta vez elegimos (mas bien el destino eligió) continuar bordeando el río Paraná, y detenernos a mitad de camino entre Corrientes y Buenos Aires, en la ciudad de Santa Fe. Que aquí los lapachos estaban en su punto justo, convertidos en un tremendo florero de colores intensos que te dejan con la boca abierta.
Una delicia. Santa Fe también es famosa por sus alfajores, y no vamos a hacer aquí publicidad de una marca determinada, pero casi-casi que le ganó por goleada a todas las otras así que damos por hecho que es "la" marca de la zona, aunque todavía está en duda (para algunos) si se lleva el cetro nacional o no. Ya seguramente estarán discutiendo sobre ese tema en otros blogs de la estratósfera virtual.
De regreso nuevamente a la (zona norta de la) ciudad capital, munidos de alfajores, quesos, salames y escabeches varios, nos tocó recibir la visita de Ana que nos dio más excusas para ir a conocer museos y espacios culturales nuevos, y revisitar otros que habían cambiado totalmente.También para disfrutar de la oferta artística de esta ciudad, que realmente impresiona todo lo que hay para ver y entretenerse. Y nuevamente acompañados por amigos de esos que aquí en esta parte del planeta abundan, nos fuimos a conocer Tecnópolis, que siempre que pasábamos por aquí en diciembre la encontrábamos cerrada. También tuvimos una meticulosa visita al Museo Nacional de Bellas Artes -que en esta ocasión nos quedaba a la vuelta de casa- donde nos pudimos perder por más de 2 horas entre sus fabulosas galerías. Otros lugares descubiertos en esta visita: el Museo de Eva Perón y el MALBA donde pudimos ver "la parte de arriba del Obelisco" que en estos días anda decapitado en su lugar de siempre.
Y ya en el último día de setiembre en Argentina, nuestro último día en este país, nos tocó encontrarnos con más amigos, así que de vuelta hubo que comer para celebrar. Atacamos unas milanesas en el club homónimo al mediodía, y de allí salimos corriendo para que nos vuelvan a llevar a Tecnópolis, que por un choripán y una coca cola nos hicieron sentar en las gradas de la nave de ciencias para aplaudir el lanzamiento de un satélite mientras transmitían por la tele en directo (el satélite en el espacio y nuestros aplausos).
Y Carlos enseñándole a Don que la "V" esa que uno hace con los dedos índices y anular aquí en el sur tiene un significado un poco distinto que la que él probablemente haya aprendido en el norte, pero igual sobrevivimos al evento, y nos escapamos en algún momento para subirnos a un taxi que nos hizo recoger todas nuestras cosas y partir para Ezeiza, que se nos escapaba el avión de regreso a Barcelona.Y mira tú que hay gente zonza que es todavía es capaz de derramar lágrimas cuando el avión despega, pero es que tanta comida como la que fuimos capaces de metabolizar en estos últimos 30 días dudo que tengamos oportunidad de hacerlo en el futuro mediato o inmediato. También están los amigos, claro. Ahora, a disfrutar de las fotos que siguen, y será hasta el proshen arret. Al Gran Pueblo Argentino, Salud!










