Alles Gute zum Geburtstag!

La primavera está a full entre
nosotros, y éste es siempre un buen momento para ir a visitar al motor
de Europa que allí la peña se pone de buen humor cuando hay buen tiempo.
Y así fue que nos dirigimos comme d'habitude a
la T2 del Aeropuerto de
Barcelona, a pillar
RyanAir que sigue siendo por lejos la mas low cost
de todas, y aunque te trata un poco como ganado de carga, en un par de
horitas de publicidad de venta de productos a bordo te deja aterrizado y
tranquilito como una seda en el flamante aeropuerto de Colonia/Bonn, en
el oeste de Alemania, sobre el río Rin.

Nuestra primer sorpresa
al llegar fue que había huelga de trenes alemanes, lo cual hizo que en
lugar de que nuestro tren pasara a las 8.30 como estaba anunciado,
llegara una media hora más tarde que habrá sido como lo peor de lo peor
para los locales. Nosotros como en cuestiones internas no nos metemos,
esperamos en silencio la llegada del tren, y una vez arribados a la
hauptbahnhof de Colonia, ya nos encontramos que allí al ladito teníamos
el fabuloso DOM, la catedral de esta ciudad que es uno de los "must be
seen" del país.

Un edificio imponente que tardó varios cientos de años
en construirse, y que sobrevivió a los bombardeos de la segunda guerra
para seguir maravillándonos día a día.

En este viaje estrenamos
la experiencia
AirBnB que resultó ser bastante positiva, ya que por
lo que hubiéramos pagado por una habitación doble de hotel razonable sin
desayuno, conseguimos un apartamento más que razonable para dos
personas en pleno centro de la ciudad. Que en estos días que pasamos allí no necesitamos
utilizar más transporte público que el tren que te hace entrar a la
ciudad y el que te saca de ella de lo bien ubicados geográficamente que
estábamos. La "contra" del AirBnB es que hay que lidiar con un ser humano
que te espera, te muestra su casa y es amigable hasta el extremo contigo
cuando lo único que quieres es que se vaya para quedarte en
calzoncillos y chequear el
whatssap.

Luego de haber lidiado con el
whatssap, fuimos a cenar. Aunque eran las veintiytantas en una ciudad
grande como Colonia hay lugares razonables para cenar abiertos hasta
tarde. El desafio en este viaje fue de conseguir hacer una comida con
platos locales que no incluya patatas. ¿Cómo habrá sido la vida de los
germanos antes del contacto con el nuevo mundo? No queremos ni
imaginarnos la de porquerías que habrán tenido que comer por siglos
estos chicos hasta que llegó su salvación en forma de tubérculo allá por
el 1500. Misterios de la historia...

Nuestra primer cena no
consiguió pasar el test potato-free aunque no estuvo para nada mal. De
allí fuimos cansaditos a dormir en el flamante apartamento, que al
día siguiente nos tocaba explorar la ciudad. Y comenzamos a caminar esa
mañana luego de un tardío desayuno, llegando hasta la
Rathaus que obviamente está en un costado de la Rathausplatz, con
unas campanas que suenan con puntualidad alemana a las 12 y a las 17
hs. cada día.

Llegamos al de las 12 mientras nos distraían unas cuantas parejas de
recién casados que salían de la Rathaus. Escuchamos las campanas, y de allí nos acercamos hasta las
orillas del Rin, que el día estaba soleado, y nos bebimos una
kölsch,
que es la cerveza local y que bebe todo el mundo en vasitos de 0.2 l... uno tras otro y sin parar. Nos pedimos un par de
platos con salchichas locales y
schnitzels, que obviamente vinieron
cubiertos de patatas y chucrut hasta el gorro, así que no cumplimos para
nada el objetivo de no-a-la-patata en ese mediodia.

Acabada la comilona, para
hacer un poco de digestión caminamos un poco por el borde del Rin hasta
llegar a uno de los puentes que está más allá del
Museo del chocolate (al que no entramos porque para que te cobren 9 euros la entrada y luego
encima te vendan chocolates adentro...), cruzamos del otro lado. Lo que
parecía un bonito parque para tirarse un rato al lado del río acabó
siendo un feo parking de coches así que continuamos la marcha un poco
más hasta llegar al puente por donde cruzan los trenes, que está
románticamente lleno de miles de candados con nombres de parejas que
tienen esa extraña costumbre de venir a sellar su amor poniendo un
candado en el puente. Don se pregunta si cuando la pareja se rompe se
toman el trabajo de venir a quitar el candado, pero no sabemos muy bien a
quién dirigir esa pregunta así que queda en el aire.

Cruzamos el
puente de los candados y llegamos nuevamente al corazón de la ciudad.
Nos tomamos algunas bebidas con cafeína en el bar del
Museo Ludwig, y ya
repuestos de tanta energía gastada, entramos en el
Römisch-Germanisches Museum,
que tiene una colección de objetos de la época de los romanos (que
fueron los que fundaron esta ciudad y de ahí que lleva ese nombre de
Colonia), y una colección de mosaicos romanos en MUY buen estado, muy
bien conservados y casi que parecían recién salidos de fábrica. Muy
interesantes de ver y admirar.

Acabada la inmersión latina, nos
dirigimos a visitar el
Dom, la fabulosa catedral de Colonia. Y mira que
Europa tiene iglesias que acojonan y uno debería de estar acostumbrado a
ellas. Ésta destaca por varios motivos: mucho vitraux y consecuentemente
mucha iluminación. Y también una estructura imponente que domina
totalmente la ciudad. No hicimos el ejercicio físico de subir los 95
metros hasta la cúpula porque uno de los miembros de este equipo (y la
ley orgánica de protección de datos nos obliga a no dar más información
sobre este tema) se encontraba mal del estómago. Así que decidimos
comenzar a volver despacito a casa, mirando un poco esas tiendas de
productos "bien hechos" que solo se venden en este país, y comprando
algunas cosas en el super ya que teníamos cocina propia para
aprovecharla.

De noche fuimos a cenar nuevamente más salchichas y
schnitzels, con consiguientes patatas, chucrut y demás. También habían
bastantes platos con espárragos, que estamos en la época y la gente de
por aquí se ve que les tienen fascinación a este vegetal. Acabamos la
noche bareando por ahí, que Colonia es bien conocida como destino
festivo para aquellos a quienes les va la noche. Hay que tener el
estómago preparado, eso sí, porque aquí la gente bebe moderadamente....
por unas 5 o 6 horas sin perder el norte. Bueno, en rigor de verdad, hay
borrachos, gente que grita y demás, pero toda la escena nocturna se
desarrolla con bastante tranquilidad y sin incidentes que reportar. No
duramos mucho tampoco bareando por allí, que como nos habíamos comprado
la museumkarte, al día siguiente íbamos a tener bastante por ver en la
metrópolis.

Y así fue que la mañana siguiente, luego de un tardío
desayuno, nos dirigimos primero a ver un poco de ruinas medievales de
las murallas de la ciudad. Luego entramos al
Kölnisches Stadtmuseum, que te
cuenta cosas de la historia de la ciudad que tienen su gracia. De allí
nos dirigimos al tenebroso
Centro de Documentación NS, que era el cuartel de
la
Gestapo durante la época nazi y todavía conserva celdas con
inscripciones de presos y torturados allí.

Acabada la lección de
historia, comimos algo típico en un bar típico así que nos volvieron a
caer las patatas en sus más variadas presentaciones, preparamos mate y
nos fuimos nuevamente hacia la costa.

Nos metimos primero en el
Pretorium, que son unas excavaciones de ruinas de la época romana de la
ciudad, que incluye una visita al sistema de cloacas de la ciudad tal
como lo diseñaron los romanos. Una joya de precisión ingenieril.
De allí
nos fuimos al puerto, que tocaba una horita de paseo por el Rin en uno
de los barcos que hacen ese tour. Fue un paseo refrescante, tomando mate
a bordo y teniendo siempre como marco de fondo la impresionante
catedral. El Rin estaba crecido (como corresponde en primavera), y con
mucha corriente. Comparado con el segmento del Danubio que vimos en
Budapest hace poco, se parecen bastante al menos en este tramo.

Acabado
el paseo en barco, mientras nos caía un poco de lluvia encima nos
refugiamos en un
Starbucks hasta que llegó la calma. Ahí enfilamos para
el piso nuevamente, descansamos un poco, y acabamos cenando en un bar de
esos bien locales donde la comida es muy poderosa, aunque imposible de
encontrarla patata-free. De alli nuevamente copa tras copa en bar tras
bar, volvimos a dormir a las nosabemos qué hora (y aunque lo supiéramos,
la ley orgánica de protección de datos tampoco nos permitiría decirlo).

El
domingo nos encontró resaqueando un poco pero contentos. Hicimos
checkout del airbnb antes de que caiga el próximo huesped, volvimos a la
hauptbanhof, y de allí nos dirigimos hacia Bonn, la antigua capital de
la República Federal Alemana, que está a pocos minutos de Colonia. Bonn
es una ciudad tranquila, muy arreglada y organizada, y en su curriculum
acumula bastantes títulos -ademas de haber sido capital de algún país
alguna vez- como haber sido la cuna de Beethoven.

Fuimos a ver la casa
natal de este señor, pero no entramos porque creemos que estaba cerrada (al menos la puerta lo estaba).
Desde allí nos arrastramos hasta el Rin pasando por monumentos y
edificios europeos varios, comimos finalmente algo sin patatas (como un
hotdog, aunque seguro que el pan algo de patata tenía) regado por una
generosa kolsch, de allí fuimos a dormir una siestita en un parque de por ahí,
y luego entramos a visitar el
Arithmeum, un museo de la aritmética
curioso y bastante bien organizado. Vale la pena visitarlo.

Acabado
el baño cultural, nos regalamos unos señores helados en otro de los parques del por
ahí, una visita a la
Münster Basilica -que la
Lonely Planet dice que hay que
verla, un paseíto por el centro nuevamente haciendo tiempo hasta que
vino el bus de las 18.46 a llevarnos al aeropuerto, adonde RyanAir
-rasca y gana a 2 euros mediante- nos volvió a dejar con vida sanos y
salvos en la T2 de Barcelona.

Para ser una escapada de fin de
semana está más que bien el periplo, aunque sentimos que volvemos un
poco más viejos que cuando salimos para allá pero es la vida que nos alcanza, ya lo sabemos.
Mientras nos recuperamos y
volvemos a la dieta mediterránea potato-free, disfrutad de las fotos que
siguen, y será hasta el proshen arret.
Auf Wiedersehen!